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Neocampesinos, gente de ciudad que se muda al agro

May 17, 2016

Cada vez es más frecuente el éxodo de personas que cambian la vida de la urbe por la del campo.

 

Foto: EL TIEMPO

Andrea Angueyra recoge las cebollas que luego vende en la ciudad. Atrás, José, el mayordo

 

La huida se hace para evitar el naufragio. Una mujer se refugia en una finca dentro de la ciudad, en la que cultiva con semillas ancestrales todo lo que come. Una estudiante graduada de biología se apropia de un terreno familiar en el Sisga y lo pone a producir, buscando, además, reforestarlo. Y un hombre de negocios, cansado de las leyes del mercado, funda una granja agroecológica en una vereda campesina.

 

Los tres lo han dejado todo por vivir en un campo productivo, que replantee la versión recreativa de la tierra, esa en que se la imagina con jardines organizados y prados perfectos, donde se descansa de una ciudad abrumada por la competencia.

 

Y los tres, de alguna forma, entran a formar parte de esa categoría difusa que cada vez coge más fuerza: los neorrurales o neocampesinos, es decir, los personajes urbanos que le apuestan a una vida agrícola.

 

“Decidí estudiar biología. Y pasaba horas yendo a la universidad desde el norte. Pensaba: qué bobada esto. Apenas terminé con la obligación de ir al centro todos los días, me fui para el Sisga. De ahí surgieron la huerta y las gallinas y la reforestación y la conservación de humedales”, dice Andrea Angueyra, de 27 años.

 

“En resumen, es trabajar en algo que no sea para cultivar el ego, sino que sea para un bien mayor, como el de la Tierra”, concluye.

 

Esta diáspora, en casos muy precisos, invierte todos los términos de nuestra historia: no se viene del campo a la ciudad, huyendo de la violencia, sino que se va de la ciudad al campo, buscando el equilibrio y el reencuentro con la tierra, conscientes de que en lugares como Bogotá no se produce el mismo arraigo al entorno.

 

Rosa Poveda y Jaime Urrego, por su parte, le apostaron desde hace varios años a la enseñanza. Se trata de los llamados neorrurales agroecologistas. Ambos, residentes en los cerros orientales, se resisten a la industrialización de los cultivos. Practican el trueque, y su trabajo está enfocado a mejorar las condiciones del pequeño campesino y la recuperación y la multiplicación de las semillas nativas.

 

Y ambos abandonaron los trabajos regulares (Rosa fue carpintera y trabajó en zapatería y Jaime fue gerente para Latinoamérica de Ford Company) para apostarle a su proyecto educativo: Mutualitos, se llama el de Rosa; Frutos de Utopía, el de Jaime.

 

“Yo lo que quiero es tratar de incentivar a muchísima gente para que trate de vivir así. El campo, aparte de su hermosura, aparte de todas las cosas bonitas, es el sitio donde nosotros nos alimentamos, todos, los ciudadanos y los campesinos”, cuenta Rosa Poveda, que tiene una granja en el barrio La Perseverancia, donde les enseña a los niños a cultivar.

 

Sin embargo, como lo explica Miguel Avendaño, experto en temas agrícolas que lidera el plan de capacitación de los campesinos de la vereda el Verjón Bajo, en Chapinero, ese tránsito de la ciudad al campo no siempre es idílico. En algunos casos resulta problemático.

 

“Se toman muy a pecho las labores del campo y a veces de una semana a otra quieren ser ya productores campesinos. Unos son aceptados, otros no. Es difícil integrarse a la lógica campesina de un día para otro. Algunos neorrurales simplemente pretenden coger una zona rural o semiurbana o centros poblados rurales, para dormitorio”, explicó.

 

Tipos de neorruralidad

 

Aunque se sabe que existe un incremento considerable del número de personas que optan por este tipo de vida, no existen estadísticas claras sobre la materia, debido a las diferentes acepciones del término ‘neocampesino’. Están, por ejemplo, los que consiguen su sustento en la ciudad, pero viven en el campo.

Por otro lado, están los que se quieren integrar a la vida agrícola de la comunidad sin pretensiones de rentabilidad, combinando el trabajo con el campo.

Y, por último, los que buscan un beneficio comercial de esta actividad para así poder dedicarse exclusivamente a vivir en la tierra.

 

EL TIEMPO

 

Fuente:  EL TIEMPO.

 

http://www.eltiempo.com/bogota/personas-que-prefieren-vivir-en-el-campo/14674409

 

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